“Tubular Bells”, la sinfonía del diablo creada por Mike Oldfield

No vamos a hacer un estudio en este artículo sobre la obra maestra del británico Mike Olfield llamada “Tubular Bells”, solo vamos a intentar relatar cómo se dio el encuentro entre este álbum histórico con la película más terrorífica y famosa de todos los tiempos: “El Exorcista”.

Un joven Mike Olfield de 17 años creó en 1973, una obra maestra que se convirtió en la piedra angular del sello Virigin, haciendo millonario tanto a Olfield como al dueño de la discográfica el excéntrico Richard Branson.

“Tubular Bells” en apenas unos años de vida consiguió facturar más de 16 millones de copias en todo el mundo, cayendo la crítica rendida ante la originalidad de la propuesta.

Esta sinfonía dividida en dos partes, en la que se daba entrada a multitud de instrumentos que en un principio parecían introducidos al azar para luego funcionar como una orquesta sincronizada, no solo despertó el interés de millones de personas en todo el mundo, si no también del director de cine William Friedkin.

Primero debemos tener muy claro que “Tubular Bells” ya era un éxito en el mundillo musical antes de unirse a la banda sonora de “El Exorcista”, ahora bien, para muchos cinéfilos y gente no muy melómana el tema de Olfield se asocia irremediablemente a la película, y ni que decir tiene que parte de su gran éxito en ventas vino propiciado por unirse al film.

La banda sonora de esta cinta de terror está compuesta, además de por el tema del que estamos hablando, por composiciones de Krzysztof Penderecki, una composición de George Crumb llamada “Night Of The Electric Insects” y arreglos musicales de Jack Nitzsche y Steve Boeddeker.

 

Cuenta la leyenda que la decisión de introducir el tema de Olfield en la banda sonora, fue fruto de la pura casualidad. En un principio el director del film contó con Bernard Hermann para crear la banda sonora. Sus encontronazos con el compositor hicieron desistir al impetuoso Friedkin, que por cierto tenía fama de inestable. La segunda opción de Friedkin fue Lalo Schifrin que se plantó en los estudios con una gran orquesta y bastante grandilocuencia, esto sacó de quicio a Friedkin y dijo que no formaría parte de la banda sonora tampoco.

Pasaban los días y el director de “El Exorcista” estaba desesperado. En uno de sus arrebatos se dirigió al archivo sonoro de la productora en busca de alguna música que pudiera casar con el ideario del film. Entre el montón de discos que estaban encima de la mesa se encontraba “Tubular Bells”, al ponerlo no dudó, esa era música del diablo.

Friedkin en multitud de entrevistas siempre ha reseñado que a Olfield no le entusiasmo nunca estar ligado de alguna manera a esta película, con sorna señalaba el director que eran como “Romeo y Julieta”, una pareja indisoluble e inmortal.

Olfield es posteriores entrevistas ha desmentido ese odio hacia la película y siempre se ha manejado con desdén hacia el film, despreocupado por ser identificada su música con esta película de terror.

Lo que queda claro es que tanto el film y el álbum se beneficiaron mutuamente de esta unión fortuita. No sabemos qué hubiera pasado con “Tubular Bells” sin estar en el film, posiblemente tendría la misma consideración, pero la fama inmortal ya es otra cosa.

Por otra parte se me hace muy difícil imaginar “El Exorcista” sin este tema. Para bien o para mal están unidos para siempre; como Romeo y Julieta.

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