Satán en la música by Slayer

El término en latín “diabulus in musica”, (el diablo en la música), es una denominación que proviene de la edad media para definir la utilización del tritono en las partituras de la época. Este intervalo musical se caracteriza por abarcar tres tonos enteros.
Como ya hemos comentado, en la Edad Media realizar el tritono encerraba una disonancia musical, que se evitaba hacer en el canto eclesiástico medieval por considerarlo dificultoso y además llevaba consigo un sonido siniestro. En definitiva fue considerado como un intervalo inestable y rechazado por la mayoría de los teóricos de la música de esa época.

El 1725, el compositor austriaco Johann Joseph Fux (1660-1741), en su libro “Gradus Ad Parnassum”, describiría al tritono por primera vez “diabolus in musica”. El propio Georg Philipp Telemann afirmó que los estudiosos antiguos decían que el “mi contra fa”, era “Satanás en la música”.

La leyenda ya estaba servida, esta asociación imaginaria al mal y el tritono, hizo que se tomara en consideración a la variante tonal como la encarnación de lo maligno en la música. No está corroborado históricamente que la Inquisición castigara a los músicos que emplearan este tono.

En el ámbito del rock este intervalo musical recobró notoriedad al ser utilizado por Tony Iommi en el tema que daba nombre al grupo y al primer disco de la banda “Black Sabbath”, añadiendo más aún elementos de leyenda e historias truculentas alrededor de la aparición de la banda británica en escena.

El “Diabulus In Musica” que hoy nos interesa es el séptimo álbum de Slayer, lanzado el 9 de junio de 1998 con Paul Bostaph repitiendo en la batería. Por supuesto que el nombre de este trabajo está inspirado en todo lo explicitado anteriormente.
Nos encontramos ante el álbum más experimental de la banda, para muchos el más flojo de su carrera. Es cierto que no es una obra con grandes temas, pero si es de resaltar las ganas que tuvo la banda de intentar explorar otros escenarios musicales, e intentar dotar a su mensaje musical de otras metas.

Jeff Hanneman fue el que compuso la mayoría de los temas del álbum, a nadie se le escapa que encarnaba el espíritu compositivo de la banda, y que siempre buscaba mezclar en la medida de lo posible y sin salirse del ámbito musical de Slayer, estilos que pudieran dar un nuevo brillo a la obra de las leyendas del thrash metal mundial. Hanneman buscaba encontrar un nuevo sonido que le atrajera, que lo impulsara a hacer nuevas cosas, la intención fue buena pero el resultado no tanto.

Un álbum que se adentraba en lo más oscuro del ser humano, entrando en recovecos tan oscuros como la religión, la muerte, los asesinos en serie o la guerra.

Muchos críticos se les echaron al cuello, al ver una rendición de la banda al emergente “nu metal”. En cambio otros resaltaron el esfuerzo de la banda por reinventarse, e incluso dar clases a las bandas de un metal de cómo se debía hacer ese nuevo sonido. En todo caso elementos tales como un groove muy acentuado, extraños efectos vocales y estructuras sucias de guitarra dieron un sonido diferente a lo anteriormente hecho por la banda.
Rick Rubin hizo un gran trabajo aportando su buen hacer, y llevando a la banda a lugares antes no transitados por la misma.

Hay temas muy destacables dentro de este álbum, nos quedamos con cortes como “Bitter Peace”, “Stain Of Mind” o “In The Name Of God”, canciones que sin llegar a ser hits de la banda, si aportaron a su discografía este tono de innovación que estaban buscando.

A la llegada de nuevo de Lombardo como batería del grupo, la banda no se prodigó en interpretar en directo temas de este disco, sembrando la duda sobre la insatisfacción real del resultado final del mismo.

Ya sabéis, Satán está por todos lados y la música no es una excepción.

 

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