La equidistancia

“Nombre femenino. Igualdad de distancia entre dos o más puntos o cosas”

España siempre ha sido una sociedad polarizada. Carlistas e isabelinos, rojos y azules, “nacionales” y republicanos… Madrid o Barcelona, de Barón o de Obús, de Burger king o Mc Donalds. 

Somos así. Una sociedad de extremos, de pocos grises. Quizá es el carácter mediterráneo. Nuestra fogosidad, nuestra pasión … o nuestra idiotez, que también es grande. 

Leo mucho en estos días el concepto “equidistante” sobre todo en lo relacionado con la política.  Hay gente que se declara en el medio de este debate político que se ha generado en la sociedad y que debía ser uno de los efectos secundarios del bicho, porque está arraigando con fuerza, pero sigo que me desvío.

En teoría, en muchos casos yo creo que ser equidistante es una virtud. De hecho como adjetivo significa centrado y expresa eso. Equilibrio. 

Entiendo que la clase política ha quedado retratada en estos meses. Mal, por cierto. Ambos bandos. Unos cacerola en mano protestando y haciendo lo que dos meses antes habían criticado. Otros cambiando de parecer a cada rato y desautorizandose en cada rueda de prensa y algunos otros moviendose entre aguas sin dar sensación de saber a qué palo agarrarse. Repito, por si has llegado nuevo a estos artículos, que no tienen un sesgo político, más bien intentan ser reflexivos. Repito también que me hubiera gustado ver a cualquier gobierno, de cualquier color lidiar con una situación histórica de esta magnitud que creo, ninguno hubiésemos sido capaces de imaginar hace algún tiempo. 

Pero vuelvo a la equidistancia. A pesar de que a muchos no les interese la política es difícil ser equidistante. Porque es difícil serlo en cuestiones humanas. No me voy a ir muy lejos para explicar este razonamiento. ¿Te importa más la gente que la economía? ¿Eres de los que crees que la situación es tan grave que nadie puede quedarse atrás? ¿Piensas que los grandes capitales, a los que se ayudó económicamente deberían ser ahora los que se aprieten el cinturón? ¿Te preocupan los abuelos indefensos, los niños y mayores que no tienen ni para comer?

Analiza tus respuestas. Con el conjunto de ellas te darás cuenta, querido lector que no eres equidistante. Y quizá no sea una cuestión de bandos o de colores. Quizá no sea una cuestión de extremismos. Quizá solo sea una cuestión de humanidad. 

Y aunque suene contradictorio, se puede ser “centrado”, se puede estar en un lugar en el que se reconozcan las buenas acciones de uno y otro bando, sin caer en los extremismos del “todo bueno” o “todo malo”. Se llama coherencia y sentido común.  Se llama humanidad

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