Un profesor de inglés, cintas de cassette y “Highway To Hell” (AC/DC)

Ahora dices estas cosas a los jóvenes y te miran con cara de alienígena. Explicarles que hubo una época en la que todo giraba entorno a las cintas de cassette, es algo difícil de creer.

Casi todos estamos de acuerdo que ha sido el peor, o uno de los peores, soportes para escuchar música. Siempre estabas acongojado pensando que se iba a liar la puta cinta, y se iban a ir por el coladero aquellas grabaciones que tanto esfuerzo te habían costado reunir.

Si grababas algo para alguien eso quería decir que era especial, o que querías agradar al sujeto de turno, siendo especialmente cuidadoso en la elección del tema o temas, ya que tu reputación iba en ello.

En mi tierna juventud, comenzaba a sentir la furia del rock en mis entrañas, (qué bien ha quedado esta frase), y buscaba de manera feroz aquella música que me estaba empezando a cambiar por dentro.

Cayó en mis manos “The Razor’s Edge” de AC/DC, y me convertí en rockero para toda la vida. Esa cinta tiene la culpa de hacerme tal y como soy, al menos en el plano musical.

Mi interés por AC/DC se desorbitó, y me recomendaron encarecidamente que me pillara el álbum “Highway To Hell”. Dicho y hecho, a los pocos días lo hice, todavía recuerdo cuando le quité el plástico a la cinta, la saqué y la puse en la pletina. Escuchar los primeros compases de “Highway To Hell”, fue una de las grandes experiencias de mi vida.

Empecé a darle la tabarra a todo el mundo con esa canción. La grabé en multitud de cintas para amigos. Llegó a tanto mi devoción por ese temarral, que un buen día hice una frikada brutal.

Resulta que por esa época estaba realizando un curso de inglés a distancia. Para más guasa, ese curso se hacía mediante cintas de cassette que se iban intercambiando con el profesor de turno, a fin de que grabaras a viva voz tus progresos en la lengua del Imperio.

Pues bien, a tanto llegó mi devoción por “Highway To Hell”, que se la grabé al profesor de inglés, tras una corrección de ejercicios, a modo de ofrenda absurda estudiantil.

A la semana volvió la cinta con las correcciones del profesor, y al final de la misma el “teacher”, me comentó que era fan del grupo, pero que tuviera cuidado por esas autopistas, vaya a ser que me pasara algo…

No sé si era la respuesta que esperaba, pero me sentía bien conmigo mismo al haber sido apóstol de AC/DC, y llevar la palabra del rock a todos los sitios que pudiera.

Por supuesto, no me resisto, aquí os dejo este himno inmortal del rock:

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