Volveremos a las calles

Pocas veces hablo de mí mismo. Mis redes sociales son eminentemente musicales. Es difícil encontrar otra cosa que no sean los programas o proyectos en los que colaboro o los de algunos de mis compañeros. Música y fotos impersonales. No va conmigo y no considero que la exposición pública sea necesaria, aunque sí es cierto que alguna vez y como medio de desahogo me lo pienso. No os lo voy a negar.

Pero hoy en este artículo quiero abrirme un poco, sobre todo porque creo que alguna persona se sentirá identificada conmigo y de eso se trata ¿no? De hacer reflexionar. 

Hoy quiero hablar sobre ese miedo que se ha instalado en nuestras cabezas a salir, a socializar, a realizar las actividades que antes hacíamos normalmente. A mi personalmente me está ocurriendo. Y no es una cuestión de “joder que miedo me da salir de casa …” es más “estoy en casa y estoy tranquilo”. He leído por ahí que se llama “el síndrome de la cabaña” (o “cabin fever” en inglés). Hay que dejar claro, que según cuentan los psicólogos, no es un trastorno, sino una consecuencia conocida y hasta natural en aislamientos de más de cincuenta días. 

Y ahora viene la pregunta. ¿Os está pasando? ¿Os sentís identificados? Doy por supuesto que no hay ningún “cavernícola” leyendo este artículo y que la inmensa mayoría somos y hemos sido conscientes de que el dichoso bicho lo parabamos con el sacrificio de no ver ni abrazar a los nuestros. Doy por supuesto que si has salido a las manifestaciones que hace unos meses criticabas no estarás delante de este artículo leyendo. Pero no voy a caer en mi propio prejuicio y si eres de “esos”, estás aquí y te ayuda, me alegro. 

El riesgo de contagio es aún latente Hay una tristeza instalada por lo que estamos viviendo y no solo a nivel epidemiológico. También económico. Por la deriva social de los acontecimientos. Seamos sinceros ¿Cuantos iríamos ahora a un concierto? ¿cuantos a los bares? ¿Cuántos de compras a una gran superficie?

por muchas, muchísimas ganas que tengamos.  

A mí personalmente me está costando incluso salir a trabajar y soy afortunado. Tengo trabajo y me desplazo en coche particular.  Llamadme raro, pero sí. A mi hoy por hoy me está costando superar toda esta mierda  que hace algunos meses solo me imaginaba en una mala película de suspense. 

Dicen los mismos psicólogos que debemos escuchar a nuestro cuerpo y nuestras necesidades. Adecuar las salidas a nuestros “momentos”, esos que nos aportan situaciones agradables y que no nos generen más estres.  Está claro que hay que ser conscientes y seguir esas pautas que nos dan y que algunos ya han olvidado. La distancia social, el lavado de manos, el uso de mascarillas…  eso también nos ayudará a sentirnos mejor, más seguros y confiados. 

Me queda poco más que decir, aunque podría estar dando vueltas a la idea durante veinte frases más y pienso que es difícil abrirse en canal en unas cuantas líneas. Si. Tengo muchas ganas de volver a gritar en un concierto, de ver a los amigos e incluso de tumbarme en un cesped al fresco del verano madrileño. De pasear por las calles de malasaña o lavapiés. 

Volveremos a las calles, espero que no solo a pasear. También a apoyar a los que lo necesitan. A la cultura, a los sanitarios o a los maestros, a los jubilados. A los servicios públicos de calidad. Volveremos a las calles a luchar por nuestros derechos. A ir a conciertos y salas de pequeño aforo, a librerías y a las tiendas del barrio. 

A las verbenas, a los mercados y la calle se llenará de vida y risas y de niños y de molestos coches pero hoy a pesar de todo esto … yo sigo con ese desasosiego cada vez que es la hora de salir de la cabaña. 

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