“1917”, o cómo Sam Mendes ha tocado el cielo

El tiempo. Muchas veces va a tu favor, solo hay que esperar para ver lo bueno o lo malo que te trae, otras veces luchas contra él, te mide, te ahoga.

Esta es la premisa con la que podríamos partir para hablar de “1917”, el film bélico del año dirigido por Sam Mendes. Nos quedamos cortos al decir únicamente el mejor film bélico de los últimos tiempos, habría que ir mucho más lejos, es sin duda una de las mejores películas del año, sencillamente una obra maestra en lo que se refiere a la dirección de la misma.

La historia en sí ya la hemos visto muchas veces. Héroes anónimos o mejor dicho nada conocidos, que son capaces por si solos de dar la vuelta al sentido de una contienda. Su esfuerzo, valor, compromiso y tesón son su carta de presentación en medio del caos más absoluto. El salto de calidad de la cinta radica en la experiencia inmersiva a la que te somete Mendes. Varios planos secuencia, magistralmente dirigidos son los culpables de hacerte sentir que eres tú quien está con los protagonistas intentando realizar una misión suicida que te lleve a salvar muchas vidas.

Si bien es cierto que nos puede recordar en algún pasaje a “Salvar Al Soldado Ryan” de Steven Spielberg, la pulsión del film de Mendes es de otro tipo, va más al tú a tú, su espectáculo se basa en hacerte partícipe de ello. Entrar de lleno en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, es un ejercicio doloroso y a la vez atrayente para el espectador. Llegas a oler la pútrida tierra que lo rodea todo, la miseria, la muerte y la desesperación llegan a tocarte la espalda.
No todo es dolor en el film. La amistad, el amor por el prójimo, la esperanza son pilares en los que también se sustenta el film, haciéndote creer que es posible cambiar las cosas aunque las tengas muy difíciles.

La factura técnica del film, volvemos a insistir es perfecta. Tuvieron que realizar unos agotadores ensayos durante cuatro meses, para que todo pareciera lo real que realmente parece en la película. Un plano secuencia divido en varios tramos hace que “1917” sea un portento a ojos del espectador, y que todo se convierta en un parque de atracciones para disfrutar como un niño.

Sam Mendes toca el cielo con este film. Su filmografía, ya de por si muy grande, llega a su cénit con una de las obras más grandes que se han visto en pantalla en los últimos tiempos.
Qué grande es el cine.

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