“E.T. El Extraterreste”, el extraño viajero que vino del espacio

Todavía recuerdo las colas interminables en el cine Palafox de Madrid para poder ver esta película. El primer que día fui a verla me quedé con las ganas, al llegar a la taquilla ya no quedaban asientos disponibles; una gran desilusión para mi.


Contaba los días para poder visionarla al fin, esta vez la segunda fue la vencida, y a partir de ese día me convertí en un cinéfilo empedernido.

La nostalgia me invade a recordar los diálogos de E.T. con el joven Elliot, la manera de hablar del alien, o aquella maravillosa escena en la que volaban juntos subidos en una bicicleta.

Con el paso del tiempo uno se da cuenta que detrás de ese cuento que nos contó de manera magistral Steven Spielberg, había mucho trasfondo social detrás. La hostilidad a la que se somete al recién llegado, al diferente, el miedo a lo desconocido, la poca empatía que se puede tener con alguien que no se conoce, o al revés, la humanidad que podemos tener todos dentro para ayudar al necesitado, al huérfano, al perdido.

Spielberg se basó para crear a E.T. en un amigo imaginario que él tenía para poder soportar el divorcio de sus padres. Ese amigo que en la intimidad le comprendía, escuchaba y asentía todo lo que le pudiera transmitir.

El gran director norteamericano quiso seguir la senda del cine de ciencia ficción al que ya se había asomado con “Encuentros En La Tercera Fase”. En pleno rodaje de “En Busca del Arca Perdida”, se le ocurrió la historia junto con la guionista Melissa Mathison.

El desarrollo del film, parte de una primera parte con tintes de misterio; todavía no sabemos si lo que ha llegado del espacio es amable o no. Spielberg rompió la tradición de considerar a los aliens como malvados, y dota al personaje de E.T. de una ternura y bondad maravillosas. Algo así ya lo vislumbró en la ya comentada “Encuentros En La Tercera Fase”.

Tras un comienzo con intriga, el film se desarrolla explicando la amistad de Elliot y el alien, además de las situaciones cómicas que se dan entre ellos, dentro todo de un halo de drama, ya que la familia se encuentra pasando una mala racha por la separación de los padres de Elliot. Todo ello hasta llegar al climax final de la película en la que se combina acción y aventuras.

Un film que marcó a toda una generación. Un canto a la amistad por encima de todas la cosas. Una historia que emociona y que nos hace sentir vivos.

He querido dejar para el final la maravillosa banda sonora creada por John Williams, ganadora de un Óscar de la Academia. El tema central nos acompañaría para toda nuestra vida, al escuchar esa canción siempre, siempre pensaremos que algo bueno nos puede pasar, y que lo imposible es posible.

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