Crónica: Bridge To Nowhere (25/01/20 – Sala Nazca – Madrid)

Con mucha ilusión esperaba este concierto, la puesta de largo del fantástico “Divine Tragedy” de BTN (disco que voté como mejor disco nacional 2019 para el Mautorprize) y del que poco he leído y oído hablar desde su publicación el pasado mes de Noviembre, adquiriendo así aún mayor valor.

Arendel remataba ya su actuación cuando llegué a la Sala Nazca. Poco público presenciaba el show de la joven banda de power/folk melódico y de la que poco puedo destacar, lo siento, perdí hace muchos años el gusto por el estilo, pero sí sentí las ganas de hacer las cosas bien encima del escenario a base de pegada y despliegue instrumental celta. “La Rosa Maldita”, “Ellas” en acústico y “Fiesta Post Mortem” cerraron su actuación con un sonido que no hacía justicia a la entrega de la banda liderada por Adriän Del Sol.

Tras un largo cambio de escenario sonaban las primeras notas con las que nos adentrabamos en el bosque oscuro (con estómago encogido) y daba comienzo el viaje por el primero de los reinos del inframundo de Dante, el Infierno. 
“Descent”, “Into the Hell” y “The Devil’s Jaws” formaron un tridente power/thrash demoledor protagonizado por la afiladísima guitarra de César (Virgilio), muy bien apoyado por Matías, y el multiregistro increible de Ana, que poseída por Dante mostraba su impresionante crecimiento en el gutural a su Brunetto Latini (Diva Satánica) presente en la sala. Mi deformación profesional, por mi pasado como técnico me la jugaba de nuevo, evitando el disfrute pleno ante la ausencia de un grave que me golpease las tripas en este paseo por el infierno. 

El viaje por el inframundo paró por un momento para dejar un espacio a Rubén Otero, guitarrista en el debut de BTN “Wars of Avalmeth”. Sonaron “Ruins” y la elegida por votación “Wars of Avalmeth pt.1”, heavy metal de calidad y buen gesto de la banda con su antiguo compañero. 
En el escenario había problemas de escucha, pero BTN tiró de gallardía para sacar adelante la segunda mitad del evento aplicándose al 200% tocando y cantando de memoria. Una segunda parte que iniciaba la travesía por el oscuro purgatorio con “Regret”, uno de los temas más originales de su “Divine Tragedy” y el más exigente para el multiregistro donde Ana volvió a darnos una lección. Muy bien el técnico apoyando con los efectos para conseguir el ambiente necesario. Llegaba “Seven” y con el el grave, ahora si había una apisonadora en el escenario, bajo y batería de la mano formaban una sólida base donde César, Matías y Ana navegaban cargando la sala de matices dark/groove/power. “Rivers of Paradise” nos abría la puerta a sonidos más celestiales, por momentos poco definidos, en plena metamorfosis que preparaba el terreno camino del paraíso.

Subía al escenario Iván Martí, de Ignis Anima, para abrir el último tramo del viaje, el más luminoso y el que mejor sonido tuvo, metal sinfónico sin paliativos. Las buenas “Ascent” y “Walking on the Stars” supusieron el encantamiento de la sala ante la lírica de Ana quien alcanzó la luz eterna en “Light”, la joya final del viaje y de “Divine Tragedy”. Un discazo que pedía a gritos echar a rodar y que cuenta con un recorrido infinito. 

Apuesto fuertemente por esta banda que demostró tener recursos para afrontar el difícil camino hacia las estrellas teniendo claro que primero hay que pasar por el infierno.  

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