Crónica Orthodox + Pylar (08/02/19 -Sala X – Sevilla)

Foto Ana Sioux

Tiro la lata de cerveza a una papelera cercana y me acerco a la puerta de la sevillana Sala X. Una pequeña calle por debajo del nivel de la carretera se abre delante, atestada de gente, expectante a que la entrada del recinto se abra y permita el paso. Se acerca un todoterreno Suzuki, con aparente prisa, que casi atropella a uno de los asistentes. Un pequeño altercado. La seguridad de la sala habla con ambas partes. Se soluciona. Vaya premonición. Algo extraordinario va a pasar. 

Dentro de la sala, ruido de gente, pero no de música. Todavía no han empezado. El escenario está repleto de humo. Se apagan las luces. Solo permanecen encendidas las de la barra. Hoy la X va a hacer caja.  Por fin comienzan a aparecer figuras, pero no en el escenario, sino alrededor de una docena de personas, con sus correspondientes (y aleatorios) instrumentos, que salen disfrazadas de la puerta del backstage. Se colocan delante, mirando al público, y comienzan a entonar un cántico, una especie de lamento. Sin letra, solo sonido. Tras unos minutos vuelven por donde vinieron y aparece la banda, Pylar. Como entes espectrales, 5 figuras se mueven entre el humo. Se trata de guitarra, batería, violín, trompa y una especie de dios caído que hace las veces de maestro de ceremonias, con una vara de madera y un micrófono. El equivalente musical a El Laberinto del Fauno. Experimental donde los haya, Pylar no ha tardado en consagrarse como uno de los grupos que, como fan de la música underground y pesada, necesitas ver. Drone, Doom, millones de toneladas. Pylar permite al asistente evadirse del mundo real como pocas otras bandas lo hacen. Deleitaron al respetable con lo que aparentemente era una sola canción, magna obra de una banda que, pese a su bizarra puesta en escena, desdibuja los límites de lo tradicional, lo tribal, lo étnico, lo visceral. 

Foto Ana Sioux

Tras la tradicional pausa para el cigarrillo, aparecen en escena Orthodox, o su versión primigenia. Una de las bandas más respetables y clásicas de doom subterráneo de Sevilla, también juegan en casa. En el cartel aparece anunciado ya, para gozo de los asistentes, que tocarán Gran Poder, su primer EP, lanzado en 2006. Suben al escenario en formato trío, y el público está expectante. Empieza su parte de la noche. Una ejecución impecable de los casi 28 minutos con los que cuenta Geryon’s Throne, avalancha ininterrumpida de densidad y transporte a las más profundas cavernas que encabeza la obra. Más de una hora de concierto que destrozó los tímpanos de la abarrotada Sala X. Una experiencia para recordar, una de esas mágicas veces en que la música permite al oyente viajar a otros lugares, otros tiempos, en que el directo supera con creces al disco, en que sientes la cera fundida de los cirios sevillanos caerte por la espalda. Los chicos de Pabellón Solar han organizado un bolazo, pero hemos visto algo más allá. La mejor misa pagana de mi vida.


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