Crónica: Santo Rostro + Habitar la Mar (Sala Boogaclub – Granada)

Sala Boogaclub. Granada. Dos bandas andaluzas de tronío sobre la tarima. Sospechosos habituales entre el público.  Los ingredientes idóneos para un caldo de categoría.

Habitar la Mar se estrenaban en la capital de la Alhambra y presentaron sus credenciales desde la primera nota supurando violencia, mala baba y precisión. La formación jiennense, que aglutina a miembros de otras bandas como El Gran Oso Blanco o De la Cuna a la Tumba, nos dejaron noqueados con su noise rock de alto octonaje y un repertorio basado en los dos EPs publicados hasta la fecha, La Deriva (2018) y Realismo Histérico (2019).

Partían con la misión de abrir la velada para los esperados Santo Rostro y cumplieron de sobra con su cometido ya que desde que arrancaron con “Carbunclo”, su primer puñetazo en el mentón, dejaron a la audiencia comiendo lona. Nos aguardaba un delicioso cóctel de dolor, , sudor, frenesí, decibelios,… ¿Quieres más? Agárrate, chaval…

Musicalmente su directo es demoledor. Los fraseos de Kantz, auténtico animal de escenario, combinan melodía y agresividad, mientras la banda es un dechado de intensidad, irradiando odio, odio visceral. ¿Has escuchado algo más contagioso que “Amargo”? ¿No se te caen las pelotas al suelo cuando te cruzan la cara con “Navajas”? Lo tuyo es grave, muy grave, chaval…

La banda anda perfectamente engrasada y se suceden los temas: “La Ira”, “El Colgado”, “Todos Mienten”, … Su plan de dejar la Booga como un puto solar está dando sus frutos. Se guardan una sorpresa para el final del concierto donde estrenan “La Tara”, un tema que suponemos formará parte de su nueva publicación en un futuro próximo.

Habitar la Mar nos confirmaron en directo lo que ya dedujimos de sus dos obras de estudio: Son una banda muy a tener en cuenta, representan el presente y el futuro de una escena andaluza que cobra fuerza, que diversifica su target, que cruza fronteras y estilos.

Tras el vendaval de Habitar la Mar, saltaban a la palestra sus paisanos Santo Rostro, quienes, por qué no decirlo, se hallan en un momento dulce. La banda ha encadenado algunos acontecimientos relevantes de un tiempo a esta parte (aparición en La Hora Musa de La 2, inclusión por segunda vez en el cartel del Resurrection Fest, estreno en el Wood Rock de Portugal y reciente aparición en Los Conciertos de Radio 3) y no nos queda otra que felicitarles por su tesón, arrojo y buen hacer. Ellos, a pesar de tanta alharaca, siguen a lo suyo, con los pies en la tierra, repartiendo buena mandanga, alumnos aventajados que profesan los mandamientos de aquellos que mostraron el camino de cómo brillar en la oscuridad (Black Sabbath, Saint Vitus, Witchcraft, Mastodon…).

Su paso por Granada estuvo a la altura de lo esperado. Hacía unos cuantos años que no venían por aquí y salieron a degüello con un set list que picaba de los seis años de su trayectoria, coronada con su última entrega, el brutal The Healer (2016). Y los disfrutamos, los disfrutamos enormemente. Porque… ¿quién puede resistirse a destrozar su cuello y sus cervicales al son de esa monstruosidad llamada “One Small Victory” o “Cut My Hand”? ¿En serio somos capaces de hacer la estatua mientras ralentizan el tempo y te destrozan con ese corte cargado de feeling y regusto sabbathiano de nombre “Cannonball”? ¿No corre sangre por tus venas cuando veneran el “Forever My Queen” de Bobby Liebling y sus esbirros a un palmo de tus narices? Estamos jodidos…

El papel de Miguel a las seis cuerdas es incomensurable, elaborando riffs, melodías, pasajes instrumentales y solos, su performance nos deja literalmente boquiabiertos.  El trabajo de Antonio al bajo y de Alejandro a los parches es sobrio y preciso, el andamio imprescindible que sostiene el peso de las canciones. Damos unos pasos para atrás para descubrir la voz de Antonio, que quedaba solapada en las primeras filas, y observamos cómo se desgañita, cómo pone toda la carne en el asador para abrirse paso de manera airosa entre el enrevesado maremágnum musical con el que atruenan sus compañeros a base de redobles y riffacos. ¡Santo Rostro son definitivamanete avasalladores!  Su cuidada combinación de stoner, doom y prog es una aplanadora en directo y “Bloodrun” o, el nuevo tema en castellano, “Telarañas” no hacen más que confirmar lo ya comentado.

Los temas se suceden y sin darnos cuenta el concierto llega a su fin, pero los daños colaterales en nuestros tímpanos y el regusto de haber disfrutado de una velada muy especial permanece. Sólo nos queda daros un consejo: Si tenéis la oportunidad de cazar a alguna de estas dos bandazas en directo no lo dudéis ni un instante, los vais a disfrutar seguro.

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