Crónica: Viaje a 800 + Atavismo (Sala Caracol – Madrid)

La Sala Caracol de Madrid fue la elegida para la vuelta a los escenarios de los algecireños Viaje a 800, seis años después de separarse. El motivo de esta reunión: Celebrar con un único concierto las dos décadas de su fundación como banda, en el marco del Festival Sound Isidro 2019. 

Los andaluces, a pesar de las diferentes complicaciones que sufrieron a lo largo de sus casi quince años de carrera, fueron capaces de labrarse durante esa etapa una excelente reputación por sus incendiarios directos y por sus tres álbumes de estudio, sin duda alguna, situados entre las obras de rock más destacadas que se han producido en este país en los últimos veinte años. 

Por todo ello, había, hay y siempre habrá ganas de ver a Viaje a 800. Se palpaba en el ambiente, se auguraba una velada muy especial y las expectativas eran muy, muy elevadas. El público respondió y la sala presentaba un aspecto estupendo. Excelente noticia, qué duda cabe, y máxime si valoramos que ese mismo fin de semana se celebraba en Madrid, entre otras historias, el Kristonfest. 

Para la ocasión, Viaje a 800 tuvieron a unos compañeros excepcionales, sus paisanos y hermanos Atavismo, quienes arrancaron con puntualidad extrema. “Blazava”, un exquisito tema instrumental que se desliza por las fronteras del space, prog  y psych, nos abraza, nos da la bienvenida al ritual y nos arrastra al trance más absoluto. “La Maldición del Zisco” nos introduce a terrenos más musculosos y pesados. La simbiosis de Sandra y Mateo en la base rítmica se hace más que patente en esta pieza y el personal se viene arriba en la parte final con los guitarrazos de Poti, en el que sería su primer concierto de la noche. Un rato después comandaría a Viaje a 800.

Tras esos dos cortes iniciales, Atavismo se merendó al público. Literalmente. Seguidores, conocidos y advenedizos tuvimos que rendirnos al que puede ser uno de los mejores cortes que se han grabado en la piel de toro en el último lustro. “Kraken” se llama la bestia y en Caracol sonó como nunca. No sé si es el misticismo que envuelve la poesía de Poti, quizá esas cuidadas melodías tan evocadoras y bucólicas o eldesgarrador embate que te agarra en el ecuador del corte y no te devuelve a la realidad hasta que llega a su fin. Hablamos del tesoro mejor guardado del sur y los algecireños, conscientes de ello, miman a su bestia y siempre, siempre que pueden la sacan de cacería.

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Pero amigos, sin tiempo para tomar aire, la banda nos golpea con “Pan y Dolor” y “La Palmosa”, sendos openers de sus últimas publicaciones Inerte (2017) y Valdeinfierno(2018), y he aquí donde el verso de Cernuda cobra todo su sentido. “El Sur es un desierto que llora mientras canta”: duende, alegría, cante, hipnosis, contradicción, palmas, decepción, lisergia, piel de gallina… Un torrente de emociones que invita a pellizcarte para despertar del sueño.

Conscientes de su rol secundario en este evento y tras menos de una hora de actuación, cerraron con la canción que da nombre a su último y aclamado EP, Valdeinfierno (Mejor Disco Nacional 2018, según Metal Hammer). Tema instrumental que arranca melancólico y desemboca en su último tercio en un rocambolesco riff con aires andalusíes que invita a la jarana y aumenta aún más la temperatura de la sala que se prepara para darlo todo con Viaje a 800. No les pierdan la pista, Atavismo lo tiene, tiene el mojo, el duende, el arte o como quieran llamarlo. 

Y por fin llegaba el momento que todos los presentes estaban esperando. A la sala seguía llegando público que recibía como agua de mayo las delicadas notas iniciales de “Luto”, pieza instrumental elegida para abrir el telón y dar rienda suelta a una velada inolvidable. 

El trío andaluz centró su repertorio en sus dos primeros discos: Diablo Roto Dë… (2001) y Estampida de Trombones (2007). Y fue el segundo corte de este último, “El Amor es un Perro del Infierno”, el que abrió realmente las hostilidades, con el que el público comenzó a vibrar, coreando las encriptadas palabras de Poti y moviéndose salvajemente con los riffs de José Ángel. Los músicos, con una ejecución y entrega encomiable, nos llevaron en volandas hasta ese mágico tobogán de ritmos in crescendo llamado “Patio Custodio”, para dejarnos aterrizar poco después en una nube, en el paraíso de “Largo Beso Recto” donde los presentes no escatimaron esfuerzos, completamente entregados, dejándose la garganta con el cojonudo estribillo, mientras José Ángel seguía tejiendo ritmos, solos y licks a diestro y siniestro. 

Este inicio tan brutal, con la perfecta comunión de público y banda, presagiaba algo memorable. La intensidad no decaía y con “Higomón” y “Zé”, el personal volvió a botar como poseso. “Valiums” nos devolvió a la Tierra para partirnos en dos, mientras que Txus de Arenna calentaba su vozarrón para calzarse el “Cabezas de Tugsteno”, a dúo con Poti. “Dios Astrónomo” sonó salvaje, mientras que la liturgia vivida con “Roto Blues” permanecerá en la retina de los presentes durante mucho tiempo. Docenas de almas entregadas de manera sigilosa a la ceremonia, sometidos a la cadencia arrastrada, a la saturación adornada de los inconfundibles solos de José Ángel y el martilleo penitente de David. ‘Caminando sin sentido, por las curvas del destino…’ rezaba el poeta. Uno de los momentos más brillantes de la velada.

Tras “Roto Blues” llegamos al bis, donde las interpretaciones de “Inmensa” y “Solo” nos refrendaron una vez más que la visión pionera de aquellos chavales que soñaban desde el Campo de Gibraltar con emular a Sabbath y Kyuss con carácter y estilo propiono era un farol. A renglón seguido, es “Los Ángeles que hay en mi Piel” el que acaba de destrozar literalmente a los asistentes. Como buenos piratas del sur, se guardaron un as en la manga, y nos sorprendieron con Al Yazhira, un tema olvidado de su demo de 1998, que rescataron muy acertadamente y con el que sellaron una actuación redonda, una noche plagada de momentos para el recuerdo, de instantáneas marcadas a fuego entre los seguidores de la banda.

Los que vivimos su última gira, presentando el majestuoso Coñac Oxigenado (2012), disfrutamos aquellos brutales conciertos, pero es cierto que salimos con una sensación agridulce pues la banda ya había anunciado su separación. En cambio, este concierto exclusivo, este brindis a su historia, a su gente, este homenaje a su arte ha sido un punto final apoteósico que tardaremos mucho tiempo en olvidar.

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