Crónicas desde dentro: Palabras Necias – Sala Derry (Leganés) 28/09/19

Texto: Jesús Casañas (Palabras Necias)

Como periodista que soy he hecho más crónicas de las que puedo recordar, pero de un concierto que he dado yo ninguna. Nos han pedido nuestros amigos de Mautorland que la hagamos y no podíamos negarles el favor después de todos los que nos han hecho ellos, así que aquí va. Se intentará no caer en la inevitable subjetividad y no dar la tabarra más de lo necesario.

Habían pasado 18 años desde que toqué por última vez en esta sala de Zarzaquemada, que por aquel entonces todavía se llamaba Al Margen. Nuestro grupo tampoco era el mismo, sino unos primerizos Joder Qué Prisas! que tenían la suerte de telonear a los irrepetibles Armagedon. La Sala Derry es prácticamente la única que sigue programando conciertos de forma profesional y regular en Leganés, así que era a la vez un reto y un objetivo cumplido que Palabras Necias metiese el hocico por fin.

El fútbol no me gusta lo más mínimo, así que me enteré el mismo día que ese sábado había un maldito derbi Madrid-Atleti, el mismo que nos había contraprogramado el primer concierto del año en la fiesta de Carnavales del Bar Gredos. Eso siempre juega en tu contra. Tuvimos que colocar los bártulos en el escenario mientras los clientes nos miraban con caras largas porque les tapábamos la pantalla grande, y esperar a que acabase el partido para poder empezar a hacer la prueba de sonido. Mucha gente se quedaría después en el lugar que lo había visto (ya fuese otro bar o su casa), y eso resintió la afluencia y la consiguiente recaudación en barra. Además arrancamos a tocar a eso de las 00:45h (los conciertos en la Derry son en sesión golfa), así que la hora también tiró a muchos para atrás (tengamos o no hijos, todos vamos teniendo una edad).

Los conciertos que solemos dar suelen ser de 45 minutos o una hora, por lo que cuando te piden al menos hora y media como era el caso toca meter todas las canciones al set list sin hacer miramientos. Conseguimos ensayar 22 temas que tocamos sin descanso. 6 (todas menos una) de nuestro último disco, Noche de Walpurgis (2017), del cual solemos descartar ‘Anquilosado’ de los conciertos eléctricos (es una balada que solemos reservar para acústicos o radios). Otras 6 de nuestro primer disco, Nunca nadie hizo tan poco en tanto tiempo (2015), cinco de las que compuse yo más ‘Fiebre del oro’, que aunque la compuso Turrón (dejó el grupo poco después y nos da cosa tocar sus canciones sin él) a veces la tocamos por petición popular (fue de las canciones que más gustó de nuestro debut) cantada por Iván. También metimos otras 3 nuevas, que ya estamos tocando para ir rodando y que formarán parte de nuestro siguiente disco (que esperamos grabar en 2020): ‘Los cacos ya no visten a rayas’, ‘El bosque tras el árbol’ y ‘El mundo’.

6 versiones también: ‘Misirlou’ (Dick Dale), ‘Mala vida’ (Rosendo), ‘The Musterstheme’ (el opening instrumental de LFamilia Munster) empalmada con ‘Al calor del amor en un bar’ (Gabinete Caligari), ‘Ya dormiremos cuando estemos muertos’ (de nuestro anterior grupo, Joder Qué Prisas!!) y ‘Véndemelo’ (la versión castellanizada que Animales Muertos y Manolo Kabezabolo hicieron del ‘Breaking the law’ de Judas Priest). Y una canción instrumental en la que improvisamos para presentar a los miembros del grupo y que llamamos ‘El blues del ahorcado’ (aunque en realidad es más bien un funky).

Lo bueno de tocar en salas acondicionadas (hemos tocado en toda clase de antros y lugares imposibles, desde conventos abandonados a clubes náuticos) es que todo suena en su sitio, con un técnico de sonido controlando que todo esté en orden. Más las luces y el humo, que siempre dan vidilla al show. Peluca, por si acaso, siempre compra en el bazar chino más cercano todo tipo de confetis, globos y serpentinas, así que a mitad del concierto, cuando la cosa se empezó a animar, empezaron a volar todo tipo de artefactos de este tipo para mayor diversión del público y desgracia de quien tenga que barrer al final. Todo llegaba desde la parte izquierda, que fue donde se concentró el “gallinero” y donde no paró el baile y el jolgorio de nuestros amigos más entregados. La mitad derecha quedó reservada para quien quiso verlo sin pogos ni altercados. Noventa minutos que se alargaron hasta las 2:15h, momento en que cerramos a ritmo de la mencionada versión de Judas Priest como apoteosis final. Según se termina de tocar, uno tiene la imperiosa necesidad de mear, beberse una cerveza y fumarse un cigarro comentando la jugada. Una vez resueltas las urgencias, toca recogerlo todo y volver a cargarlo en el coche. Y una vez el coche cerrado, es cuando empieza el verdadero fin de semana para los miembros del grupo. Entre el público, miembros de todas las pandillas por las que has pasado, ex compañeros del instituto y de la universidad, amigos del pueblo… Gente que en muchos casos lleva siglos sin verse y vuelve a hacerlo gracias a tu concierto. Eso es lo bonito: volver a juntarnos todas las viejas glorias y ver a tanta gente a la que quieres a la vez. Esperamos seguir haciéndolo por muchos años.

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