Uriah Heep revientan Madrid en una noche de fantasía y profesionalidad

Soy joven, y la banda a la que voy a ver casi me dobla la edad. Me enganché a los Uriah Heep hace varios años por su perfecto equilibrio entre la psicodelia de los Yes y el salvaje rock de los Deep Purple. No es de extrañar que la mayoría nos iniciáramos con el Demons and Wizards para, desde ahí, explorar hasta 24 álbumes más a lo largo de medio siglo de carrera.

El año pasado publicaron Living the Dream, y la cita del 26 de enero en la sala Mon (Madrid) es una de las primeras del tour. En sus letras me doy cuenta de que, desde hace mucho, estos viejos lobos reconocieron en el miedo y el amor los auténticos motores que impulsan la vida humana. Varios fans que han crecido con Uriah Heep admiten que no lo han escuchado aún, pero mantienen buenas expectativas. Un joven y entendido fanático me comenta que no se trata del mejor álbum desde el Wake the Sleeper. Pero, saquen lo que saquen, esta banda siempre reúne a los fieles y hacen de cualquier sala una lata de conserva.

Me he perdido a los teloneros, Monterrey, pero imagino que darían un sólido concierto de rock sureño (¡estaré atento a próximas fechas!). Estamos todos nerviosos y sudando, pero los altavoces amenizan la espera con un Highway Star (Deep Purple) y, desde baby boomers hasta millenials, la cantamos en absoluta fraternidad. Las luces se apagan y…

Grazed by Heaven

Return to Fantasy

Living the Dream

Too Scared to Run

Take Away My Soul

Knocking at My Door

Rainbow Demon

Waters Flowin’

Rocks in the Road

Gypsy

Look at Yourself

July Morning

Lady in Black

[Pausa]

Sunrise

Easy Livin’

Los Uriah Heep son expertos del oficio y, desde que salen hasta que se van, saben cómo hacer las cosas. Combinan perfectamente temas nuevos con aquellos ya legendarios. Tocan con precisión nanométrica. Animan a la peña y nos preguntan cómo lo llevamos. Disfrutan de lo que hacen. Nos hicieron perder aún más la cabeza con Gypsy y nos desafiaron a corear “Lady in Black” más alto que los barceloneses, para los que tocaron la nocheanterior. Mick Box, miembro fundador, se ha convertido en el mítico mago de ojos ígneos, lanzando hechizos entre riffs y solos. Bernie Shaw, al que no puedo sino ver como a un aventurero y erudito hobbit, recita los poemas hasta arriba de magia élfica. Al teclado, Phil Lanzon, nos transporta a aquellos maravillosos ’70. Y, en perfecta sintonía, los apoyan Russell Gilbrook (batería) y Davey Rimmer (bajo). Estos incansables trovadores son, indudablemente, los herederos de la fantasía de Ken Hensley y de la interpretación de David Byron.

El concierto se hace corto pero el éxtasis aún se refleja en todos. Los músicos están encantados y nos agradecen la pasión de todo corazón. Alguien aprovecha para que Mick le firme un vinilo. Para volver a la Tierra, molesto un poco más a algunos fans ya en el fresco. Me contestan con risas y gemidos de placer mientras, uno de los veteranos seguidores me coge del brazo y me declara gravemente:“Muchas bandas jóvenes están ya para el arrastre… Uriah Heep, en cambio, se mantienen en perfecta forma”.

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