Creative Live By CM: Las Noches Del Botánico (Crónica)

Dorian en Noches del Botánico.

Daniel Macho

Ahora que, afortunadamente, la situación provocada por la pandemia parece ir mejorando, el panorama de conciertos en vivo comienza a despertar del obligado letargo al que ha estado sometido.

Para aquellos que aún no se sienten del todo seguros en espacios cerrados, o para quienes el calor estival les incita a disfrutar de la música al aire libre, no hay mejor opción que el ciclo de conciertos de las Noches del Botánico, que este año cumple su quinta edición. Además, lo ecléctico de su repertorio, marca de la casa, hace que sea prácticamente imposible no encontrar un concierto que no sea del gusto de uno. La variedad es tal que caben todos los estilos musicales, desde el flamenco, al rock, pasando por el pop o el indie, con figuras nacionales e internacionales de reconocido prestigio. Este es el caso del concierto de esta velada veraniega (afortunadamente no muy calurosa), con el concierto de la banda Dorian, una de las más importantes del panorama reciente (no creo que actual sea el término más apropiado para referirse a un grupo que lleva ya casi 20 años de carrera musical).

Acudir al recinto con tiempo es obligatorio -no por las aglomeraciones, que, por suerte o por desgracia, no se producen al tener que reducirse el aforo por la normativa vigente- sino para poder disfrutar del espacio privilegiado que supone el Real Jardín Botánico Alfonso XIII (vamos, el Botánico de la Complutense). El uso de mascarilla es obligatorio solo en el auditorio, pero no en la zona de restauración, al ser un espacio abierto. Un recinto completamente al aire libre, dispuesto para el disfrute del visitante con butacas, mesas, sillas, o para tirarse en el césped y notar la hierba fresca crecer bajo tus pies y disfrutar de un refrigerio o una cena rápida antes del concierto, porque las normas prohíben el consumo de bebida o comida una vez dentro del auditorio, al cual se accede por dos entradas diferentes, según la numeración del asiento, para favorecer la distancia social y reducir el contacto a lo imprescindible.

Precisamente es la relajación que se respira en el recinto contra lo que tiene que luchar el grupo telonero Los Pilotos, que empiezan puntualmente su concierto, ante un auditorio casi vacío porque el público se muestra perezoso a abandonar los jardines bajo los árboles y el arroyo artificial. Con solo teclados, bajo y voz, el trío hace lo que puede para atraer al público, con más voluntad que fortuna, y con problemas de sonido.

Terminada su actuación, mientras se ultiman aspectos técnicos en el escenario, empieza a llegar el público, aunque muy relajadamente. A las 21:20h, con solo 5 min de retaso, el plato fuerte da comienzo.

La banda quiere dedicar el concierto a Julio Ruiz, Grande del periodismo musical, que ponía fin a 50 años en las ondas.

El concierto que Dorian ofrece esta noche es un concierto de Dorian: ni más ni menos de lo que todos sus fanes, entregadísimos esperaban. Y eso es, contradictoriamente, bueno y malo a la vez. Bueno, porque es un concierto impecable en cuanto al repertorio escogido, con predominio de temas de su último álbum de estudio, Justicia universal (2018), aunque no faltan los temas míticos de la banda; malo, porque lo que necesita un buen concierto de Dorian es poder bailarlo, y eso no está permitido en el Botánico. Así que, mientras el público canta a voz en grito completamente entregado tras sus mascarillas, se retuerce en sus asientos, resistiendo como puede la tentación de levantarse y bailar al ritmo de las pegadizas melodías del grupo barcelonés. Y en eso hay que decir que el público ha sido realmente respetuoso: prácticamente todo el respetable estuvo con su mascarilla puesta y sentados durante todo el concierto (algún esporádico aislado no pudo reprimirse y se levantó a bailar, pero muy brevemente, volviendo en seguida a sentarse). También hay que añadir que los asistentes de auditorio han sido diligentes en su labor, acudiendo rápidamente a solicitar colocarse la mascarilla adecuadamente o a volver a tomar asiento a quienes se habían levantado a bailar, siempre con mucho respeto.

Volviendo al concierto en sí, que es lo importante, comienza con el tema de apertura de Justicia Universal, Noches blancas, para  en seguida pasar a dos de los temas esenciales del grupo, Verte amanecer y Los amigos que perdí, para calentar al público, encantado con ello. A continuación, varios temas del último álbum, Hasta que caiga el sol, Duele…, dan paso a clásicos como El temblor, o Arrecife. Por primera vez en Madrid, la banda interpreta Dual, único tema nuevo desde la publicación de Justicia universal.

Con Vicios y defectos, Dorian calienta motores para el gran final. Con un poderoso instrumental, engancha con Paraísos artificiales. El público, ya muy entregado entra en éxtasis con el tema que les diera el salto al estrellato: A cualquier otra parte. Así, dejando al público encendido, amenazan con irse. Pero no, aún queda concierto.

Vuelven con Cometas, quizás un tema demasiado relajado para estas alturas de concierto. O quizás un anticlímax para la apoteosis final: en primer lugar, La isla, que sirve de paso a los saludos de la banda (a destacar la presentación del nuevo baterista, en este su cuarto concierto). También aprovechan para anunciar nuevo disco para finales de año, pero, lamentablemente, no hay adelanto del mismo. 

Y final de verdad. A lo grande y por todo lo alto con La tormenta de arena, lógicamente.

O casi. Vuelven al escenario para tocar un último tema: una revisión de Te echamos de menos, tema de su primer álbum, con el cual se despiden definitivamente.

En definitiva, un gran concierto para una agradable noche de junio.

Pero…

Algo desluce el concierto. Irónicamente, son las luces. El show está completamente pensado para los paneles led del fondo. Cada canción lleva su ambientación lumínica y un diseño especial. Así, Arrecife cubre el escenario de chispas blancas con una iluminación azul y morada; El temblor lo tiñe de rojo con un remolino de agua al fondo; Paraísos artificiales recurre únicamente al amarillo: Dual, rojo y azul, con imágenes del video como fondo. Así, todas las canciones, cada una con una composición especial de colores y un diseño específico al fondo, que no se repite en ningún otro tema. Sin embargo, para que destaque este juego se ha sacrificado algo que, parece impensable: la iluminación de la banda. Durante todo el concierto los miembros de Doria están a oscuras. A Marc Gili no le vemos la cara plenamente iluminada en ningún momento; Belly Hernández, al borde del escenario, está lógicamente a contraluz, y los pocos momentos en que se la enfoca, es casi desde detrás; cuando Lisandro Montes abandona su posición al fondo, para cantar con Marc, tiene el mismo problema: no se le ve la cara; de Roberto y Bart Sanz, a la batería y el bajo respectivamente, solo vemos siluetas negras recortadas sobre la iluminación del fondo. El escenario se llena de un espectáculo de luces, sí, pero los músicos son solo sombras. De hecho, lo saben, y tienen que recurrir en varias ocasiones a dos plataformas lumínicas a las que se suben para enfatizar momentos esenciales. 

Es el único punto negativo a un buen concierto. Bueno, no el único. Hay otro: Dorian es un grupo esencialmente festivalero (sin querer dotar este calificativo de connotación negativa alguna). Es un grupo para bailarlo a muerte, que para eso componen canciones de melodías claras, con ritmos pegadizos, que recubren letras que oponen las ansias de comerse a bocados la vida aunque lleve a la autodestrucción, como corresponde a cualquier poeta maldito a  los que tanto gustan de homenajear.

Por eso, es de desear que la situación marciana a la que la pandemia nos tiene sometidos pase ya de una vez, y podamos de disfrutar de un nuevo concierto de Dorian como Dorian se merece.

Me gusta disfrutar la música en directo al aire libre. El ambiente que se vive en los conciertos de las NOCHES DEL BOTÁNICO es mágico. Una vez entras en el recinto ya te sientes segura con las medidas de seguridad AntiCovid que la organización ofrece. Una vez más se sigue demostrando que la cultura es segura si todos ponemos de nuestra parte. Distancias de seguridad, mascarillas, gel hidroalcohólico.El acceso a las gradas está perfectamente organizado para evitar aglomeraciones.  Me sorprende la preciosa voz de Maria Yfeu, artista que abre el show. Con tan solo guitarra, teclado y voz en formato acústico demuestra que puedes ofrecer una actuación de calidad, como es el caso. Poco a poco se llena el auditorio para dar la bienvenida a Amaral. Ya son varias las veces que han cancelado su concierto en Madrid debido a la pandemia mundial que padecemos. Eso se nota a la hora de recibir a Eva y Juan. Es este último el que expresa los presentes su satisfacción al volver a las tablas en pleno centro de la ciudad madrileña. Comienzan con formato acústico con ambos en el escenario para ir dando paso tema a tema al resto de componentes de la banda. El público se aferra a sus sillas perfectamente colocadas en pista y gradas con sus respectivos espacios vacíos entre personas de distinta burbuja social. Felices todos de poder seguir disfrutando de la música en directo y con seguridad de libro.

NOCHES DEL BOTÁNICO

Tercera parte – MIGUEL RÍOS

4 de julio 2021

Admiro a Miguel desde pequeña. Sus raíces se mezclan con las mías. Compartimos ciudad, nuestra bellísima Granada. Tenía que ser así. Recuerdo con cariño los cassettes con sus canciones, se escuchaban en mi casa una y otra vez. El mítico “Himno de la alegría” o el alabado “Bienvenidos”, “El río” o “Vuelvo a Granada”. Me encantaba verle por televisión en esa ¡“Qué noche la de aquél año”!, dando un repaso exhaustivo por toda la historia musical de nuestro país años atrás.

Tuve la oportunidad de conocerlo en persona en abril de 2009 en la ya desaparecida Sala Heineken de Madrid gracias a mi amigo Jorge Salán que grababa DVD y que invitó a Miguel Ríos a subirse al escenario para interpretar varios temas con él. A partir de ese día hemos coincidido en varias ocasiones y es un gustazo saludarle siempre que puedo. Y cómo sonaron esos “Generación límite” y “Subsuelo” en directo. 

El de Granada es incombustible, vivaz… El público le adora, el sentimiento es mutuo. Siempre alardeando de ciudad natal y de su barrio de la Cartuja. Lleva el nombre de Granada en la boca allá por donde va, en cada directo, en cada ocasión. Todo el que conoce a Migue Ríos sabe que su vida está encima de un escenario. Es nuestro rockero por excelencia. 

Hace ya una década que decidió retirarse, aunque nunca lo hizo completamente. Ya sea por las colaboraciones estelares con sus compañeros de profesión o en conciertos y eventos benéficos. Siempre está ahí cuando se le necesita. 

Su nuevo disco “Un largo tiempo” gestado en plena pandemia del COVID le ha vuelto a subir a las tablas para embarcarse en una gira donde está muy bien acompañado por su banda “The Black Betty Trío” con su productor José Nortes a la cabeza. ¡Qué buen trabajo!. Cayeron nuevos temas, “Memphis-Granada” o “El blues de la tercera edad” pero también los éxitos que se incluyen en su amplio repertorio y que los presentes pudimos gozar. “Bienvenidos”, “Santa Lucía” o el “Himno de la alegría”.

Allí pudimos disfrutar del maestro Ríos en las Noches del Botánico. Uno de los festivales de música más chulos del verano, con esa esencia de lo más personal. Los conciertos se celebran al aire libre, dentro de un entorno en plena naturaleza en la Ciudad Universitaria de Madrid. El pasado año tuvieron que aplazar debido a la pandemia y, ahora sí, celebran quinto aniversario. La organización ha trabajado intensamente para apostar por una cultura segura, con fuertes medidas anti covid.

Si tienes la oportunidad de ver a Miguel Ríos en concierto no te lo pierdas.  Él y su banda pasarán por varias ciudades del país para presentarte su nuevo disco en directo conjugado con los temas de siempre, imperdonable que no los escuches en directo. 

Ni que decir tiene que Miguel Ríos ha hecho historia en el mundo de la música, es una pieza importante de este arte, una auténtica leyenda. No te quedes sin vivir esa esencia de un viejo rockero que nunca muere. 

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