«Zeit», el artefacto maravilloso de Rammstein

Estamos necesitados de héroes en el mundo del metal. Este género no está atravesando por su mejor momento, todos lo sabemos. Así que si en el horizonte llega un nuevo artefacto, vehículo o maquinaria con la marca Rammstein es siempre más que bienvenido. Los alemanes son un seguro de vida. Son unos gigantes que todavía se pueden permitir el lujo de mover masas a su antojo, y esperamos que sea así por muchos años.

La llegada de un álbum como «Zeit» es un regalo para los oídos acostumbrados a la distorsión y los sonidos contundentes. Los germanos firman una obra magna, grande, bella… uno de los mejores álbumes de su discografía. Siempre se suele decir esto del último trabajo de un músico, pero en este caso no exageramos, o por lo menos eso creemos.

Es un disco que hay que deglutir con paciencia. Una mirada introspectiva hacia el interior del universo de estos locos alemanes. Un puñado de canciones que nos llevan a las entrañas de la maquinaria germana, y nos presentan a una banda madura, que ha llegado a lo más alto y que está a punto de decirnos adiós. Una despedida que no tiene porque ser dentro de poco, pero nos van preparando el cuerpo para lo pasará en unos años.

Desde la foto de la portada tomada por el rockero Bryan Adams, en un monumento alemán llamado Trudelturm, todo se nos muestra muy medido, muy calculado. Las canciones buscan una belleza simétrica que las hacen grandilocuentes y a la vez sencillas. Es una mezcla rara de emociones, un tren que a veces está a punto de descarrilar y otras una barca meciéndose con parsimonia en el centro de un lago.

Destacamos el corte que da título al álbum. En el corte «Zeit» su líder y cantante Lindemann se nos aparece solemne, cual militar retirado que pretende contarnos una de sus mil batallas. El álbum gira en torno a la muerte, al fin, a lo apocalíptico y esta canción es buena muestra de ello.

Las canciones del álbum se van agrupando casi en dos partes. «Zick Zack» señala el comienzo de la segunda parte de la obra. Un corte sarcástico, lleno de alusiones sexuales que es marca de la casa. Rammstein se muestra tal y como es; irreverencia pura y dura.

Grandes temas como «OK», «Meine Tranen», o la que para este escribiente es la más potente del álbum :»Angst». Una canción demoledora que hace honor a la historia discográfica de Rammstein. Guitarras cortantes y afiladas, ritmo que va in crescendo y la pirotecnia final que desparrama toda su energía sónica sin pudor.

Muy especial es «Lügen». Una canción-poema donde Lindemann declama como nunca y nos emociona como siempre. Un medio tiempo al estilo Rammstein que hará las delicias de los más puristas del grupo.

Cierra el disco a modo de despedida «Adieu». Como decíamos al inicio de esta reseña, nos huele todo este trabajo a un hasta siempre, un hasta luego. Terminar un disco tan notable con este corte, no debe ser algo totalmente fortuito; los alemanes nos están diciendo algo. Esperamos que todavía les quede alguna bala en la recámara.

Fabuloso álbum de una de las bandas más grandes de la historia del metal. Rammstein siempre fueron contracorriente y ganaron. La única pega es que parece que se ve el final del camino, y eso sinceramente cuando llegue será una gran putada.

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