“L’Enfant Sauvage”, el salvajismo civilizado de Gojira

Muchas veces nos plantean que ciertos comportamientos son muy correctos y cabales, en contraposición con otros que son de carácter salvaje.

Nuestra civilización con su ética de cliché, sigue cometiendo desmanes con apariencia de ser todo muy correcto, actitudes que un pueblo supuestamente salvaje sería incapaz de hacer.

Gojira cogió esta idea y la desarrolló en “L’Enfant Savauge”. Cuando un grupo realiza una obra maestra como su disco anterior “The Way Of All Flesh”, tiene dos opciones en su siguiente obra: progresar e intentar ir hacia un nuevo rumbo, con los riesgos que eso conlleva o, por el contrario, seguir dentro de la línea marcada en el anterior larga duración. Los franceses originarios de Bayona optaron claramente por la segunda de las opciones, no queriendo arriesgar y su planteamiento fue muy similar al disco reseñado.

En L’Énfant sauvage (por cierto, título tomado de la película de Françoise Truffaut), siguen desarrolando de maravilla ese sonido frontera entre el Death Metal Progresivo y toques abiertamente Grooves e incluso Thrash. En cuanto  a sus letras, los hermanos Duplantier siguen hablando de temáticas medioambientales, humanas, y de relaciones del hombre con su entorno. En palabras del propio Joe Duplantier, han intentado con este disco reflejar la libertad humana en su máxima expresión, sienten que el haberse criado muy cerca de la naturaleza les hace sentirse muy concienciados con su entorno; todo, como vemos, muy filosófico.

A nivel compositivo el álbum mantiene las estructuras enrevesadas y poco convencionales de sus canciones, con su característicos cambios de ritmos, y huida de la convencional composición de canción verso-estribillo-verso; a veces parece que oímos una improvisación muy calculada.

Las influencias de diferentes géneros antes comentada se ve patente a lo largo del cd, en temas como en “Explosia”, o en el single de presentación “L’Enfant sauvage”, donde todos los elementos base de su estilo Death Metal Progresivo sobresalen de manera meridiana, voz gutural rasgada del vocalista, junto riffs veloces y base rítmica muy contudente, donde los giros y cambios de ritmo a medio tiempo se realizan de manera constante, y, en algunas fases, las guitarras sincopadas  parecen un calco del grupo sueco MESHUGGAH.

El elemento Groove, con acentuación de los graves del bajo y riffs aplastantes, a la vez que algo lentos en ocasiones, se torna canción en temas como “The Axé”, y sobre todo en uno de los mejores temas del disco, “The Gift of Guilt”, a destacar el trabajo de Labadie al bajo y Mario Duplantier a la batería.

Lo industrial se fusiona con el Death en “Liquid Fire”, tema muy a lo FEAR FACTORY, con incluso coros de corte robótico, y “Mouth of kala”, donde con una gran ambientación y toques de progresivo realizan un corte que Trent Reztnor hubiera puesto en un disco de NIN.

A destacar finalmente la instrumental “The Wild Healer”, canción muy rítmica con riff gruesos y bajo al compás, junto con el Groove-Doom del corte que cierra el disco, “The Fall”.

Siguen siendo la vanguardia del metal actual; serán con toda seguridad de los grupos referencia dentro de este género de música, aunque no deben caer en la autosuficiencia y pensar que ya lo tienen todo hecho.

Con este álbum demostraron ser capaces de llegar a cotas de musicalidad muy altas, y convertirse en unos de los referentes del metal moderno.

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