“Night Of Stormrider”, la obra cumbre de Iced Earth

En Florida en la segunda mitad de los 80 el death metal partía el bacalao, bandas como Death, Morbid Angel, Massacre, Nocturnus, Deicide, Obituary o Monstrosity marginaban al resto de estilos y dejaban las migajas del pastel a los progresivos Savatage o Crimson Glory. El thrash metal vivía en la absoluta clandestinidad y tan solo unos chavales llamados Nasty Savage y Purgatory disfrutaban de la velocidad y el palm mutting, las pelis de terror, lo flipaban con Maiden, Judas, Mercyful Fate, Sabbath y Kiss mientras se tomaban unas birras y presenciaban que en otra parte del país surgía y explotaba el aclamado big 4.

Tras varias demos con temas dedicados a Jack el destripador, Jason o Drácula, John Schaffer, el rítmica de Purgatory pensó que había llegado el momento de dar un salto de calidad y descargar la tensión acumulada en su prodigioso antebrazo, comenzando por rebautizar la formación y fichando por Century Media, nacía Iced Earth.

Disco debut modesto en el ’90, muy Maiden, muy callejero, con huella thrashera pero con el que Schaffer no quedó del todo satisfecho y activó la segunda fase de su obsesivo plan en busca de su soñado “Number of the Beast”.
Cambió de batería y tomó la importante decisión de expulsar a Gene Adam al negarse a tomar clases de canto, siendo sustituido por John Greely, vocalista con buenos registros y especialista en expresión sonora. Cambios que sólo podían sumar al poderoso binomio de hachas Schaffer-Shawver y la contundencia de Dave Abell al bajo.

El 11 de Noviembre de 1991 se lanza en Europa “Night of the Stormrider”, álbum conceptual que cuenta la manida historia de un hombre que pierde la fe y se pasa al lado oscuro. Apertura majestuosa a golpe de marching drum en “Angels Holocaust” adaptando Carmina Burana a la tralla de un nuevo heavy/thrash que presentaba en modo épico la batalla interior de un personaje cansado de tanta traición. Impresionante pieza, de las mejores aperturas que conozco, donde Greely muta varias veces y los incansables Schaffer y Shawver colorean el inicio de este fascinante cómic sonoro apoyados por una sólida base y adornado por los atrevidos samplers sinfónicos a modo de coro celestial. La canción en realidad termina en el segundo 54 del siguiente tema, al final de la tormenta, cuando nace mi adorado Stormrider. Único tema que se ha atrevido a cantar Schaffer en su larga carrera, que nos deja uno de los mejores palm mutes que recuerdo y una cabalgada a dos guitarras en dos minutos donde el inagotable repertorio de riffs y solitos darían para grabar un disco entero. Finaliza el primer capitulo y la transformación del personaje con “The Path I Choose” que fusiona las lindezas de los dos temas anteriores y te deja con la sensación de haber oído en apenas 16 minutos a Maiden, Judas, Mercyful Fate y Metallica.


En la segunda parte del disco, el Stormrider aún desorientado, mantiene una conversación con el dios de turno (“Before the Vision”), recibe el poder de las visiones y es destinado al desierto. Intro que da paso a “Mystical End”, el inicio de una escalada de violencia y destrucción que durará 7 años. Tema donde bajan las revoluciones que deambula entre Maiden y Judas con tinte oriental y buenos contratempos, el que más recuerda al sonido del disco debut donde destaca la teatralización por parte de Greely. Enlaza con “Desert Rain”, donde se empieza a poner la cosa sería en el desierto en medida que crece la maldad del Stormrider. Una primera parte espectacular heavy/thrash con el binomio a pleno rendimiento que desemboca en un breakdown antológico que convierte el tema en una suerte de power/heavy progresivo con sonido similar al que acabaría encumbrando a esta formación. Cierra el capítulo “Pure Evil” a modo de épica  batalla final entre las fuerzas del bien y del mal. Temarraco carne de air guitar de  principio a fin donde Schaffer-Shawver se coronan y te ganan para siempre mientras Greely a cuatro voces se marca el screaming del año en el estribillo. Mítico final de la segunda parte. 

Abre el capítulo final la intro “Reaching the End”, donde el Stormrider siente que su ira ha desaparecido y muestra signos de arrepentimiento, pero hay un peaje que pagar. “Travel in Stygian” nos describe como es condenado al río Styx (o Stygian), el río del odio, donde no hay marcha atrás y debe entregar su alma al diablo. 9 minutos y medio de pura teatralización heavy/thrash con varias fases, cada cual mejor, donde Iced Earth firman su obra maestra con letras de sangre. 

Dicen que en el río Styx fue donde Tetis bañó a su hijo Aquiles al poseer sus aguas el don de la invulnerabilidad pero olvidó el talón. Jon Schaffer bañó su muñeca y antebrazo y nos enseñó como una rítmica puede contar historias fascinantes a los amantes del metal.

Podría acabar este artículo expresando lo que supuso para mí este disco y la línea ascendente de la trayectoria de esta infravalorada banda con la llegada del que considero mi vocalista favorito, Matt Barlow, hasta la bajada de nivel tras la marcha de Shawver. También podría demostrar a los que opinan que son un pastiche lo mucho que se equivocan, argumentando la bondadosa y sana intención que tenía Iced Earth en homenajear a alguno de sus ídolos sin ocultarlo, creando un sonido propio inimitable que orbita sobre mastodontes del metal de los 80. Pero no lo voy a hacer, ya que lo haría desde la pasión ciega del que escribe del disco favorito de su banda favorita.

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