Liberar las patentes de las vacunas: salvar al mundo

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Cuando llevamos más de un año viviendo esta pandemia provocada por el COVID, hay que echar la mirada atrás, y ver cómo estábamos al principio de esta tragedia. Nadie podía sospechar que la ciencia, de manera casi milagrosa, pudiera crear vacunas para poder erradicar este virus. Recuerdo las declaraciones de científicos, virólogos, médicos, etc… que aseguraban lo imposible del asunto. Nunca antes en la historia de la humanidad se había conseguido crear una vacuna en menos de una año y que fuera efectiva. Las vacunas anteriores necesitaron, en los mejores casos, más de 10 años de desarrollo; lo dicho un milagro.

Bien, ahora tenemos vacunas, pero nos encontramos con la gran paradoja. La fabricación y distribución de las mismas se encuentran en manos de farmacéuticas privadas, que están mandando su producto al mejor postor, regateando dosis y dejando de lado al tercer mundo. No pasaría nada si fuera por el último modelo de móvil, pero no es así, estamos hablando de vidas. A cada minuto que pasa, mueren miles de personas en nuestro planeta. Personas a las que se les está dando de lado salvarle la vida, por estar sumida esta sociedad en un capitalismo de corte salvaje, que prima los intereses de las corporaciones y empresas a la del ser humano; una locura nauseabunda.

La idea es clara y factible: liberar las patentes, aunque sea de forma temporal, para hacer que los países de manera particular puedan fabricar las vacunas, abastecer más rápido a sus ciudadanos y de paso llegar a países poco desarrollados y poder asistirlos adecuadamente. El tiempo corre, hablamos de una pandemia que nos afecta a todos, no podemos esperar.

Hace poco hemos sabido que vacunas como la de Astrazeneca, ha sido subvencionada en un 97% de su creación como fondos públicos. En las demás vacunas también ha existido está inversión pública. Es más, aunque no hubiera existido esta intervención pública, nos encontramos ante una situación realmente alarmante y excepcional. Nadie puede entender que con dinero público sean las empresas privadas las que decidan cómo y en qué momento se deben distribuir estas vacunas, dejando a su vez fuera a países que no tienen posibilidad de pagar el precio por ellas.

Parece que algo se está moviendo en el horizonte. Una carta firmada por más de 60 ex jefes de Estado (José Luis Rodríguez Zapatero entre ellos) y más de 100 premios Nobel, ha sido enviada al Presidente de los Estados Unidos John Biden, para que acceda a la exención de las normas de propiedad intelectual para estos fármacos. Todo podría cambiar si accediera.

Estrategias geopolíticas también están dificultando la libertad de acceso de vacunas en el mundo. La vacuna rusa Sputnik V está siendo bloqueada en la UE. Es cierto que todavía no ha terminado por pasar los controles de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), pero vamos, no se están dando mucha prisa. Igualmente está pasando con las vacunas chinas. Incluso tenemos otra opción, las vacunas que se están produciendo milagrosamente en Cuba, un país que es capaz de crear medicamentos de este tipo, con décadas de bloqueo estadounidense.

Tenemos la solución en nuestras manos. La burocracia, el capitalismo, los intereses oscuros empresariales y sobre todo el dinero, están impidiendo de manera sorprendente que esto ya esté solucionado. Es algo alucinante, ver para creer, que teniendo el remedio no se quiera emplear sencillamente porque no interesa. ¿Qué clase de sociedad le estamos dejando a nuestros hijos e hijas? Da miedo pensar qué será de este mundo dentro de unos años cuando pase todo esto. ¿Contarán los libros de historia que se dejó morir a millones de personas por intereses económicos? Estamos a un paso de esta tragedia, queda poco tiempo.

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