Votar es un acto de defensa

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La campaña electoral para la Asamblea de Madrid, nos ha dejado una cosa bien clara: hay que ir votar. En un sistema democrático, el arma más poderosa que contamos para comenzar a cambiar las cosas es el voto. Un acto, el de votar, que durante siglos estaba únicamente en manos de los poderosos, de los que ostentaban todo el dominio sobre la sociedad, en definitiva la clase dominante que quería preservar sus privilegios. Por suerte esto ha cambiado.

Si bien es cierto que el activismo continuo, el asociacionismo, en definitiva la lucha diaria por los derechos de la ciudadanía es indispensable para revertir políticas neoliberales que nos asfixian, si te quedas en casa y no ejerces tu derecho al voto, todo queda en agua de borrajas.

La abstención se ha instalado en ciertos sectores de la sociedad como acto contestario, pseudo revolucionario. Hay personas que piensan que no ir a ejercer este derecho, va contra el sistema, y ayuda a desestabilizarlo. Las clases poderosas cuentan con este mantra para seguir perpetuando sus intereses. Insuflan esta mentira en la ciudadanía y así gestan un engaño hacia todos, con la premisa principal de la poca importancia que tiene tú voto. Nada más lejos de la realidad, no votar es un acto de servilismo ante los poderes fácticos, que siembran continuas dudas sobre la democracia, aquella claro está que no les agrada. Solo hay que echar la vista atrás, y ver cómo a lo largo de la historia, las distintas dictaduras que han existido, han borrado la posibilidad de la realización de comicios. Si no sirvieran para nada, ¿para qué molestarse? ¿Por qué no dar la oportunidad de dar voz al pueblo?

Vivimos en un feroz sistema capitalista. Un sistema que cuando ve que su imperio se tambalea echa mano de los extremismos para perpetuarlo. Es aquí donde aparecen las diferentes formas del fascismo. Su intención es amedrentar a la ciudadanía progresista, quitarle de la cabeza cualquier atisbo de hacer tambalear sus posiciones de mando. Nunca en la historia el fascismo ha estado al lado del más necesitado, siempre ha sido el esbirro del poderoso y el azote del débil. Sembrar el odio, la violencia, eliminar derechos, todo ello es una orquestación dirigida a cercenar las ansias de progreso social, en definitiva acabar con cualquier atisbo de cambio.

Hemos visto con perplejidad estos días, las amenazas a distintos políticos. Cartas con balas, como signo de intimidación, de violencia extrema. Unos mensajes dirigidos no solo a sus destinatarios, si no a todos los demócratas, a los que creemos que por medios pacíficos, todo se puede discutir, y todo se puede alcanzar, siempre y cuando se tenga como línea roja, no traspasar el respeto por los Derechos Humanos. Sirva desde aquí mi reconocimiento a los políticos/as que aun siendo amenazados siguen defendiendo sus ideas/ nuestras ideas en representación de muchos. También hemos contemplado campañas en redes sociales, pidiendo que rompamos el voto, que no acudamos a nuestra cita con las urnas. No quieren que vayas, pero ten por seguro que ellos sí lo harán.

Está claro que todo no se soluciona yendo a votar, pero que duda cabe que es la mecha que enciende en algunos casos, un cambio, un empujón hacia adelante. Conquistar derechos es algo muy complicado. Son cartas que los poderosos no quieren repartir, simplemente porque se les acaba el chollo, su modus vivendi, la razón de su existir. Los cambios no sólo los imponen las sociedades, sino los políticos que las representan. Mejorar las cosas desde dentro es esencial en una democracia, las instituciones deben ser partícipes de este progreso, aunque solo sea para congraciarse con una ciudadanía que muchas veces las contempla desde la lejanía.


Tenemos un deber moral con los que nunca pudieron votar. Por las mujeres que no pudieron en su momento, y solo a principios del siglo pasado lograron liberarse de ese yugo. Por nuestros ancianos, que en plena dictadura se les negó ese derecho irrenunciable que es inherente a toda democracia plena. Si queremos mover a los de arriba, tenemos que movernos desde abajo, no hay más.

Esto es muy sencillo. Ellos irán para intentar seguir manteniendo sus privilegios, si tú quieres luchar por tus derechos, debes ir también. Quedarse en casa, o en el trabajo es un acto que esperan como agua de Mayo, para seguir cercenando tus aspiraciones, y las de tus hijos. No les dejes, no dejes que se salgan con la suya.

Como dijo Abraham Lincoln: ““Una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil.”

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