“Aftershock”, uno de los últimos hitos de Mötorhead

Nunca hay que menospreciar a una banda que lleva décadas en la pomada. Es normal que a lo largo de muchos años de carrera algunos altibajos pueden quemar la reputación del más pintado, pero siempre hay que respetar la capacidad e ilusión por seguir haciendo y música, y las pelotas de seguir en la carretera pase lo que pase.

El caso de Motörhead es uno de esos en los que desdeñar la carrera de Lemmy Kilmister era siempre cometer un grave error. Cuando parecía que la banda ya no tenía nada que ofrecer a su parroquia y todo parecía que tenían el piloto automático puesto hacia el final de su carrera, el bueno de Lemmy arropado por Phil Campbell y el bestia de las baquetas Mikkey Dee, nos sirvieron dos discazos a principios de esta década de muy señor mío. Primero atacaron con “The World Is Yours”, para luego rematar con el magnífico “Aftershock”.

Nos centraremos en este último, superior al primero anteriormente comentado, sobre todo por lo flipante que fue ver la capacidad asombrosa de Mötorhead de no dormirse en los laureles y regalarnos una patada en los cojones increíble con “Afterschock”.

Como primer punto a resaltar debemos quedarnos con la asombrosa producción de Cameron Webb en ese discarral, recogió de manera fidedigna un sonido excelso, donde lo macarra y lo brillante se sustentaba de forma muy efectiva. El bajo de Lemmy sonaba como nunca, dando un nuevo vuelo al sonido de la banda.

Llevar 21 álbumes a la espalda no está alcance de todo el mundo, si llegas a esa cifra es que algo bien has hecho en tu dilatada carrera y no le debes nada a nadie, “Afterschock”, penúltimo de estudio del héroe preferido de los rockeros del mundo, sirvió de principio de canto del cisne a una carrera sólida y sobre todo auténtica.

Desde la primera bofetada con el tema “Heartbreaker”, sabemos que estamos ante una versión de Motörhead potente y salvaje, nada de especular, rock del bueno y mecha. Temazos que corroboran lo grande de este álbum serían: “Death Machine”, “Crying Shame”, “Lost Woman Blues” y la fantástica “Dust & Glass”, con un solo Phil de Campbell de los que quitan el hipo.

Poco más que añadir que ya es mucho. Un álbum para el recuerdo pero que a la vez de obligada visita de vez en cuando, para volver a saborear lo bueno que era Lemmy, y lo capza que fue de dar un último empuje a su carrera cuando ya llegaba a su fin; GRANDE LEMMY!!!

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