«The Arsonist» (Sodom): el thrash como acto de memoria incendiaria
No es fácil convivir en la actualidad con la sobreproducción digital en el mundo de la música. Entre Prootools, IA’s y demás artefactos, intentar crear una obra de manera casi artesanal es una epopeya.
Sodom regresa con «The Arsonist» para recordar que el thrash nació como un gesto de insurrección. Es un trabajo creado de manera cuidadosa, analógica y llena de simbolismo ante el mundo tan falso en el que nos ha tocado vivir. Tom Angelripper, único miembro fundador que todavía sigue en activo, vuelve a encender la mecha con un álbum que funciona como testamento y desafío ante tanta vulgaridad.
La decisión de grabar baterías en cinta analógica de 24 pistas no es fruto de algo caprichoso o snob, va mucho más allá. Sodom quiere recuperar el espasmo físico que supone crear una verdadera obra de thrash metal. Lo humano se torna algo necesario ante un mundo tan lleno de plástico y artificialidad. Angelripper lo resumió con un lema que podría ser el subtítulo del disco: “No plastic!”.
El resultado es un álbum que suena brutal, oscuro y denso a la vez. Debes estar atento al mensaje del álbum, a lo que quiere significar ante ti.
Es una obra repleta de recuerdos y dedicatorias. Nos encontramos disparos como “Witchhunter” que no es solo un tributo al baterista original Christian Dudek: es una forma de reescribir la historia de la banda desde la pérdida.
Otra dedicatoria es “A.W.T.F.”, que nos recuerda a Algy Ward, conecta el thrash con sus raíces punk. Sodom no quiere olvidar que viene de la calle, de la lucha, de lo más rechazado de la sociedad.
No se trata de buscar reivindicaciones pasadas, Sodom se nos muestra tal y como es, en una busqueda de reafirmación ante tantos años de lucha metalera. Su visión es demostrar que el thrash sigue siendo válido para ser narrador de la crónica de nuestros días.
Los alemanes encuentran en toda la mierda de nuestro tiempo el sentido de sus letras para seguir gritando a los cuatro vientos que nuestro mundo cada vez va a peor.
El título del álbum funciona casi como una metáfora del propio Angelripper: un incendiario cultural que se niega a dejar que el fuego del thrash se apague.
En un mundo cada vez más dominado por algoritmos diabólicos llenos de maldad, Sodom quiere recordarnos con este trabajo que todavía estamos a tiempo de poder hacer algo. No nos demos por vencidos.

