El noble arte de poner colofón a un disco: Mastodon

A buen seguro recuerdan aquel tema de los Queens of The Stone Age titulado The Lost Art of Keeping a Secret el cual traducido para los de la lengua de Cervantes venía a enunciar el noble y perdido arte de guardar un secreto. Hoy no venimos a contaros acerca de dicho tesoro en peligro de extinción sino a bendecir el sagrado arte que se han labrado disco tras disco Mastodon –banda con quien precisamente Josh Homme ha colaborado en el pasado, véase la magistral Colony of Birchmen del BloodMountain– para dejar siempre para el final del tracklist de sus álbumes algunas de sus mejores joyas. Vamos, que en Mastodon tenemos un grupo que no se limita a seguir el refrán aquel de “lo que bien empieza bien acaba” sino que busca exprimir sus fronteras sonoras para poner la guinda al pastel en sus trabajos de estudio. Repasamos así cronológicamente las últimas, pero no menos importantes, canciones de todos sus discos:

Elephant Man (Remission, 2002):

Debut oficial de los de Atlanta –dejando a un lado el Callof the Mastodon– que pese a ir por unos derroteros más sludge y viscerales acaba cerrando con ocho minutos instrumentales mostrando unos Mastodon más progresivos y espaciales si bien algo de eso se podía intuir ya someramente en canciones del mismo álbum como Ol’eNessie y Trilobite. Por sonido adelantada a sus compañeras de disco.

Joseph Merrick-Instrumental (Leviathan, 2004):

Nuevamente concluyen el mastodóntico-valga la redundancia- Leviathan con un tema instrumental que enlaza en cuanto a título con el del párrafo anterior por la historia del propio Joseph Merrick conocido como el “Hombre Elefante”. El tema en sí funciona como una outro donde se cuelan guitarras limpias con reverb en la onda de unos Pink Floyd de este milenio. Quizás no el mejor tema del disco, pero sí que vuelven a pillar a contrapié con unos desarrollos que mostrarán más abiertamente en el futuro.

Pendolous Skin (Blood Mountain, 2006):

Saltamos dos años al acojonante Blood Mountain y nos encontramos con una pieza al cierre como Pendulous Skinque incluyó la participación del malogrado Isaiah “Ikey” Owens -fundamental en aquella etapa mágica de The MarsVolta- y en la que la voz muy tratada de Brent Hinds nos sumerge en una lisergia deliciosa para desembocar en un solo marca de la casa del tarumba guitarrista pelirrojo. Anecdótico hidden track final de la minutada con participación por parte del otro célebre pelirrojo ya citado: Josh Homme.

The Last Baron (Crack The Skye, 2009):

Si me preguntasen por un disco y una canción de Mastodon probablemente según soplase el viento servidor viraría entre el Blood Mountain y el Crack The Skye y sus múltiples maravillas. La respuesta a más de una de esashipotéticas cuestiones seguramente iría de la mano de The Last Baron, la epopeya épica que cierra la conceptual y progresiva obra publicada por los norteamericanos hace ya más de una década. Trece minutos inconmensurables por parte de un cuarteto en estado de gracia. Hinds cantando como una reencarnación menos drogada del mismísimo Ozzy, la dupla Hinds-Kelliher cocinando un tremendo revuelto de riffs y por encima la figura de Brann Dailorimpartiendo un clínic de cambios de ritmos con esa pegada tan jazzy y unos arreglos de producción soberbios. Ah, y esos dos minutos mágicos para rematar el gol por la escuadra. Si la perfección existe esto se asemeja mucho. 

The Sparrow (The Hunter, 2011):

De un disco tan discutido como The Hunter algunos defienden y seleccionan tema suelto allí y allá para justificar la obra. Canciones como The HunterDry BoneValley y Spectrelight funcionan en sus terrenos por separado, ciertamente. Sin embargo, y no casualmente, Mastodon cierran el cancionero con una The Sparrowentregando esa versión suya despojada por momentos de distorsión etérea, emparentada con las primeras canciones listadas arriba, y notablemente resolviendo la progresión con una épica brutal gracias a otro solo descomunal de Hinds​.Ojito también al curioso recurso del juego de voces.

Diamond in the Witch House (Once More ‘Round The Sun, 2014):

La excepción que confirma la regla de que siempre cierran por todo lo alto. En un disco mediocre, para su nivel y producción, tampoco consiguieron encandilar con su última bala. Diamond in the Witch House tiene momentos cantados por el habitual “quinto miembro” Scott Kelly de Neurosis, pero su duración, la más larga del conjunto, y resultado, no dejan la huella de otras composiciones paridas a media con el bueno de Scott Kelly, como pueden ser los casos de Crystal Skull mirando atrás o ScorpionBreath hacia adelante.

Jaguar God (Emperor of Sand, 2017):

Su último disco publicado fue del todo satisfactorio tras dos obras menores y nos trajo a unos Mastodon mostrando sus múltiples aristas desarrolladas a lo largo de su carrera. Una de ellas y de las más bellas es la que muestran en el cierre de la historia detrás de Emperor of Sand mediante esa suerte de balada progresiva/evolutiva de casi ocho minutos que es Jaguar God. Otra vez esa varita mágica que toca en el estudio a un Hinds, que allí sí se defiende vocalmente, y una canción convertida en vehículo de viaje para dar rienda suelta a un millar de recursos. Un poco paradójico que ganasen el Grammy por Mejor Interpretación Metal con Sultan´s Curse, la que abre la veda, y no por uno de sus mejores broches de oro a un disco. Aunque lo de la credibilidad de dichos premios daría para otro tocho escrito…

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